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La República Dominicana es el país de los excesos, nadie está en una
situación buena ni mala, sino buenísima o malísima.
Los lugares nunca quedan a una distancia más o menos cerca, quedan lejísimo o cerquita. Cualquier extranjero que nos visite por primera vez enloquecería si
oyera, como se oye corrientemente, a un electricista, plomero o cualquier
técnico dominicano ordenando a su asistente: "tráeme
la vainita esa para flojar la cosita redonda"; ¡Misterios de la lexicografía y la semántica dominicana!
Tengamos en cuenta el estilo dominicano de dar las direcciones: "Más
allá del parque, pasando la panadería, un edificio blanco con unos
ladrillos arriba, ahí no es. Cuando tú llegues junto a la casa rosada
con rejas verdes que tiene al lado una mata de mango, es la casa de al
lado, la blanca con unos toldos blancos"; añadiendo de paso
alguna fórmula misteriosa como: "del lado de
allá, no como quien va sino como quien viene". Otro más:"A las seis y pico en punto".
Esto que pudiera en todas partes ser un chiste, para los dominicanos
es una hora que puede corresponder a una realidad. En caso de que acceda, el pasajero no indica la dirección de su
destino sino que se dedica a guiar al conductor: "En
el próximo semáforo a la derecha... en la esquina a la izquierda, otra
vez a la izquierda y después derechito por la subia'...". |